-Mamá, dijo el chico. -Esta noche tengo una cita con la luna.
-¿Con la luna? y ¿como es eso?, preguntó la madre desconcertada.
-¡Pues mamá, es evidente!, replicó el infante. -Cada noche, cuando se oculta el sol ella viene a hurtadillas y nos visita. Tú la has mirado tantas veces pero no la has visto. ¡Yo si! y es amable; tan amable que me ve dormir silenciosamente sin hacer ruido para no despertarme. Por eso hoy la esperaré. Mamá, se que hay cosas que nunca faltan y nunca fallan, los profesores no saben nada de nada y yo si. Ella me habla y yo le respondo y ¿sabes algo?, también se ríe de mis chistes.
-Si hijo, hace falta tener tus ojos para verla-. Asintió la madre lentamente con un aire a nostalgia en el rostro después de pensarlo por unos segundos.
Luego de esto el chico siguió siendo chico y viendo a la luna y la madre trató de serlo también por lo menos un poco, para intentar verla aunque lloviera.





