Agradecer, acto de egoísmo como paradoja universal.

Esperar algo no es la cuestión,
Lo que importa es la espera misma.

Ilusiones desencajadas por la intrínseca habilidad humana de decepcionar;
¿Que más puedo decir?…

En ocasiones me hastío de la indiferencia,
en ocasiones como mujer pululando al día 28, entro en pánico al saber que el mundo se cae a pedazos;
todo toma un agrio sabor a triste dulzura, como aquel pedazo de panecillo descompuesto que todos recuerdan y nadie come.

A algunos la vida no les sonríe como a otros,
y no es de extrañar, eso ya todos lo saben
y gratamente muchas veces la tragedia constituye la definición de sus vidas.

Hay seres que cargan su propio karma moderno,
y esas vidas se definen en función de dependencias, que sin dar más argumentos, exprimen lo mejor de ellos mismos sólo para sí … la vieja historia de la humanidad. ¡El egoísmo como motor de todo!.

Quien entienda estas letras se definirá a sí mismo como un manojo de sensaciones no muy gratas,
pero que sabe de lo que habla su corazón. Gracias a Dios existen almas sensatas en algún lugar del cosmos que miran un poco hacia afuera y que contradicen tan nefastas afirmaciones.

Hoy he aprendido algo de mí,
algo que ya estaba pero no salía
y la sensación es de agradecimiento con el mundo,
con la gente que no sabe aún lo que es y que teme entenderlo completamente.

Privilegio de pocos saber que agradecer es agradecer a sí como el promotor de la bondad universalmente aceptada de estar vivo.

Privilegio de algunos cuantos, ¡contados en realidad!, saber que agradecer, a  la larga, es una acto de egoísmo necesario, para entregar de vuelta lo mejor de sí al mundo.

Que bonita paradoja; entender para ser entenndido, agradecer para no esperar nada a cambio diferente a lo que uno mismo halla entregado. No me canso la verdad, de lo perfecto que es todo esto llamado universo.